Le Jeu de la Mort
17 de marzo de 2010
El 17 de marzo de 2010, el canal público francés France 2 emitió Le Jeu de la Mort, un falso documental, en forma de concurso en el que los participantes formaban parte, sin saberlo, de un experimento para estudiar el impacto de la autoridad en la obediencia de la población. En este caso la autoridad era la propia televisión.
Para el experimento, se citó a 80 concursantes que pensaban que iban a un programa piloto de un nuevo concurso. Una vez en el plató se les explicó la mecánica: cada uno de ellos lanzaba preguntas a otro jugador, sentado en una silla eléctrica y al que no veían y, por cada fallo de éste, le propinaban una descarga eléctrica de hasta 460 voltios, según lo que ellos quisieran ganar.
El concursante no veía a su rival, solo oía sus gritos de dolor y, sin saber que era un actor, seguía las órdenes de la presentadora que le animaba a seguir, así como las indicaciones de un público entregado que lo animaba a subir los voltios, al grito de “castígalo”. Por cierto, el público tampoco sabía que todo era un montaje.
De los 80 participantes, solamente 18 abandonaron el programa
Le jeu de la mort quiso trasladar a la televisión el famoso experimento de Milgram, que marcó un antes y un después en la psicología social, y que demostraba la fragilidad de los valores humanos ante la obediencia ciega a la autoridad. Sus resultados demostraron que personas ordinarias, ante la orden de una figura que consideran una autoridad, son capaces de actuar con crueldad.
El programa de la televisión francesa puso a prueba a los concursantes y al público, para evaluar, en este caso, la capacidad de obediencia cuando estos están en un plató, forman parte de un show televisivo y la autoridad es la televisión. Aunque esta obediencia suponga infligir daño a otra persona.
¿Cómo reaccionaron los concursantes ante esta situación?
El 81% de los participantes pulsaron descargas eléctricas, en muchos casos la máxima. Eso supone casi un 20 % más que en el experimento de Milgram.
Aunque sea difícil sacar conclusiones, no es descabellado pensar que la presión por ganar, las cámaras, los focos, la insistencia de la presentadora y los aplausos del público puedan explicar muchos comportamientos de participantes en programas televisivos, en los que, condicionados por el entorno, pierden a menudo el sentido de la realidad, el criterio y la ética.