Camaleó

5 de abril de 1991

El 5 de abril de 1991, Televisión Española emitía Camaleó, un programa experimental que no solo desconcertó a la audiencia, sino que también puso contra las cuerdas a periodistas y medios de comunicación. Aquella emisión sorprendió e indignó a partes iguales. Hoy, más de tres décadas después, se estudia en las universidades como uno de los ejemplos más claros de falso documental, o mockumentary.

Camaleó se estrenó en La 2, en el circuito catalán, ese 5 de abril a las 20.30 horas y nacía con voluntad de continuidad. Se presentaba como un programa alternativo, con una intención clara: reflexionar sobre la forma y el contenido de los productos televisivos, cuestionando cómo la televisión construye realidades desde la ficción. Así lo resumían algunos periódicos en su programación: TVE se ríe en Camaleó de la falsa realidad de la tele.

Cada capítulo abordaría un tema distinto. El primero giraba en torno a la muerte. Pero apenas ocho minutos después de su inicio —en medio de una disertación filosófica del antropólogo Manuel Delgado—, la emisión se interrumpió para dar paso a un boletín urgente.

El periodista Josep Abril, rostro habitual de L’informatiu, anunciaba una noticia de gran magnitud: un golpe militar en la Unión Soviética y la posible muerte de Mijaíl Gorbachov.

Lo que siguió fue una cobertura impecable, con conexiones en directo, analistas, llamadas telefónicas, testimonios… más de media hora de información construida con un realismo absoluto.

En el minuto 25, un rótulo advertía que todo formaba parte de una ficción y, al final del programa, antes de los créditos, una cartela lo informaba de nuevo: “Este informativo ha sido una ficción televisiva”.

En el minuto 25, un rótulo advertía que todo formaba parte de una ficción y, al final del programa, antes de los créditos, una cartela lo informaba de nuevo: “Este informativo ha sido una ficción televisiva”.

Pero para entonces ya era demasiado tarde.

Otros medios de comunicación habían empezado a hacerse eco de la noticia, sin contrastarla.

Los artífices de esta arriesgada propuesta fueron el antropólogo Manuel Delgado y el director de Camaleó, Miguel Ángel Martín, que contaron con la complicidad de los periodistas Josep Abril, presentador de Informativos, y Núria Ribó, corresponsal de TVE en Estados Unidos. Y todo se hizo con el beneplácito del entonces jefe de programa Joan Ramon Mainat.

Tras el experimento todos fueron destituidos o apartados temporalmente de sus responsabilidades hasta que las aguas volviesen a su cauce.

La emisión provocó una tormenta mediática, social e, incluso, diplomática.

Lejos de contrastar la información, varios medios amplificaron la falsa noticia, algunos incluso llegaron a movilizar a sus corresponsables en la URSS.

A pesar de que existían pistas claras de que se trataba de una ficción: los rótulos o la descripción previa en la prensa, además del propio contexto del programa: ¿quién podía pensar que una noticia de esa magnitud se diera en La 2, en el circuito catalán y en medio de un programa de estas características? Aun así, también es cierto que ¿quién podía poner en duda a uno de los rostros más creíbles de los informativos de TVE en Catalunya?

La reacción fue inmediata. Además de la cancelación de los capítulos restantes, y de las destituciones comentadas, el debate se instaló en la profesión periodística, que estaba consternada y dividida.

Muchos periodistas se posicionaron en contra de la emisión, quizás por sentir que ellos o sus colegas habían quedado en evidencia. Otros, en cambio, defendieron su valor como experimento. Pilar Rahola, Salvador Cardús o Haro Tecglen, iintentaron contextualizarlo como un ejercicio de libertad creativa y reflexión crítica.

La polémica llegó incluso al ámbito de la diplomacia internacional: la embajada soviética en España emitió un comunicado de protesta al día siguiente.

Los responsables de Camaleó siempre defendieron y defienden que su intención era clara: invitar a una reflexión sobre la inmediatez informativa, la credibilidad y la ética periodística.

Pretendíamos hacer una reflexión autocrítica sobre la verdad y la mentira en los medios de comunicación, sobre todo de la televisión”.
— Josep Abril

📌 Ironías de la historia, apenas cuatro meses después se produjo un golpe de Estado real en la Unión Soviética, sorprendentemente similar al que había recreado el programa.

📌 La propuesta recordaba inevitablemente a la célebre adaptación radiofónica de La guerra de los mundos de Orson Wells en 1938, que también sembró el pánico entre quienes la creyeron real. Ver también Operación Palace


📌 Hoy, Camaleó se estudia en las facultades de periodismo como un caso paradigmático. Sobre todo por la lección que dejó: en un mundo dominado por la inmediatez, contrastar las fuentes sigue siendo más necesario que nunca.

📌 Puedes ver un programa de RTVEPlay sobre camaleó aquí

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